LA MELANCOLÍA MATÓ AL CRÍTICO

Fredy Massad

And now we meet in an abandoned studio.

We hear the playback and it seems so long ago. 

And you remember the jingles used to go.

The Buggles, ‘Video killed the radio star’

Se ha tornado una letanía recurrente entre cierta intelectualidad el intentar acotar el campo de acción minusvalorando, cuando no directamente negando, los efectos de los cambios culturales. Una actitud que surge del temor, del desconcierto, de un miedo a perder la hegemonía, de la sensación de tambalearse sobre esa tarima desde la que profesan irrefutables verdades y que les separa de lo sucio, lo común y lo mundano. Seguramente es un temor infundado si se piensa con sensatez; empero, ese temor sí es realmente fundado cuando lo que se está intentando a toda costa es salvaguardar un estatus quo y generar la sensación de que tras ellos, se abre el abismo.

LA MELANCOLÍA MATÓ AL CRÍTICO

EL CABARET DE LOS HIPÓCRITAS

EL CABARET DE LOS HIPÓCRITAS

Fredy Massad

Versión ampliada del texto publicado originalmente en el suplemento cultural de ABC, Madrid – 8 de Agosto de 2012 – Número 1057

El problema no es que la Bienal de Arquitectura de Venecia no sea más una mera feria de vanidades. Una cita ineludible para todo arquitecto que se precie de tener y querer exhibir sus ambiciones intelectuales envuelto en un aura de sofisticado esnobismo. Podría ser un evento que, una vez concluido, cayera en un total olvido por su intrascendencia. Se la criticase o se la exaltase, la absurdidad de la Bienal sería entonces algo absolutamente inofensivo. Pero que el presidente de la Bienal de Venecia presente el cambalache de vacuidad, imposturas y banalidad que es esta edición afirmando que su motivación es ‘ayudar a los arquitectos a emerger de la crisis de identidad que están atravesando’, y lo haga dando a entender que esa desastrosa imagen de ‘dueños de la fiesta, pasteleros – celebridad a los que se les ha solicitado crear deslumbrantes pasteles de boda’ que ahora se tiene de ellos es consecuencia de haberse doblegado sacrificadamente a los irreflexivos caprichos de una sociedad que les ha exigido crear objetos ‘sorprendentes, que destacasen en medio de la mediocridad’ constituye la evidencia cómo el problema fundamental es que la absurdidad se convierta en una infame hipocresía manipuladora. EL CABARET DE LOS HIPÓCRITAS

ESTADO DE PÁNICO

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Fredy Massad

Versión ampliada del texto publicado originalmente en el suplemento cultural de ABC, Madrid – 30 de Junio de 2012 – Número 1051

Es indispensable dejar atrás el enroscamiento en ese discurso sobre ese venenoso auge de un modelo arquitectónico, secundando por un modelo político, ha dejado una impronta crucial en España puesto que son estériles: son evidencias de un estado de desgracia, desvío de acusaciones y lamentaciones sin autocrítica por lo perdido–patente en el documental de TVE ‘Se acabó la fiesta’ (donde arquitectos, críticos y editores, habían reciclado su discurso para acomodarse a las circunstancias de la nueva realidad, dando la impresión de que se mantuvieron ajenos a esa ‘fiesta’). No son propuestas. Ni siquiera una confesión clara de que la auténtica emboscada de ese modelo fue una crisis interna de ideas y objetivos. Ni tampoco un reconocimiento de cuáles están siendo las reacciones de ese monstruo caído panza arriba al que puede compararse esa derrumbada estructura en la que tantos se sintieron todopoderosos y a la que otros tantos (alentados muchas veces por un concepto inculcado en las propias escuelas de arquitectura) aspiraban incorporarse. Monstruo asustado y que, en su actual imposibilidad de alzarse, se obstina en contagiar universalmente su propio miedo.

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