“La accesibilidad es un derecho y no podemos permitir que se convierta en un producto de lujo”

A lo largo de toda su vida, Sara Rodríguez ha compartido espacio con familiares con discapacidad y ha sido voluntaria en entidades de personas con enfermedad mental. “Ellos me han aportado una vida más rica y la oportunidad de conocer una realidad distinta a la mía y aprender de ella“, asegura.

Profesionalmente ha trabajado en recursos para personas con discapacidad intelectual, desarrollando programas de autonomía y desarrollo de habilidades. En el año 2015, Sara se convirtió en socia de Altavoz Cooperativa, donde desarrolla servicios de accesibilidad cognitiva y coordina diversos equipos. Además, en el curso 18-19 pasó por UIC Barcelona School of Architecture realizando el Postgrado en Accesibilidad y Diseño para Todos.

Te licenciaste en Psicología y después cursaste el Postgrado en Accesibilidad y Diseño para Todos de UIC Barcelona School of Architecture. ¿Cómo se relacionan dos ámbitos, el de la psicología y la arquitectura, que a priori pueden parecer tan distantes?

La distancia es más aparente que real. La psicología trata de entender al ser humano y conocerlo. La arquitectura trabaja sobre el medio que debe habitar. El espacio moldea nuestra forma de vida y las experiencias que tenemos, lo que lo convierte en un elemento esencial de nuestra socialización y construcción cultural. La accesibilidad es el puente entre los dos focos, trabaja sobre la relación entre persona-espacio.

¿Y qué papel representa la accesibilidad en ese ámbito relacional persona-espacio?

Tenemos un mundo construido sobre los parámetros que consideramos como “lo normal”, y esta realidad se ha cuestionado desde hace muy poquito, a través de paradigmas como el de accesibilidad.

Por ejemplo, si el problema es la falta de rampas, ¿dónde reside la discapacidad y cuál es la mejor manera de trabajar con ella? Si el sistema productivo no se ajusta a formas de hacer diversas, ¿estamos aprovechando todo el potencial que tenemos? Ser psicóloga experta en accesibilidad me da muchas herramientas para diseñar objetos, espacios y entornos, siempre pensando en favorecer la vida y el bienestar de todas las personas.

También eres formadora en accesibilidad cognitiva y lectura fácil.¿Puedes explicarnos en qué consiste?

Por lo general, tenemos entornos complejos. La mayoría de la información es escrita, intrincada y se da por sabida mucha cantidad de información. Por ejemplo, si vienes de una ciudad sin metro, quizás no sepas que la costumbre es pararse en el lado derecho de las escaleras mecánicas dejando el izquierdo libre. Una buena práctica del metro de Madrid es poner unos carteles que explican a través de una ilustración estas normas de uso y hacen explícita y directa una información que antes no estaba.

No parece un problema que implique una solución demasiado complicada…

Exacto. Estamos hablando de espacios totalmente cotidianos, con un impacto importante en nuestra vida.

La lectura fácil es una de las herramientas que tenemos para dar respuesta a estas necesidades. Es un método de redacción pensado para colectivos con dificultades lecto-escritoras: desde personas con discapacidad intelectual, personas mayores que pierden facultades o inmigrates desconocedores del idioma, entre otros.

Se utiliza básicamente para la información escrita, pero ya hay experiencias que aplican la metodología al discurso oral. Me consta que en Selkokeskus, colectivo finlandés que promueve el lenguaje llano, están desarrollando unas pautas para la comunicación fácil y en Suecia, cuna de la lectura fácil, han promocionado un canal de televisión donde todo el contenido se diseña en un lenguaje llano y de lectura fácil.

¿De qué manera el Postgrado ha sido determinante para tu desarrollo profesional?

El postgrado me ha dado un marco metodológico y conceptual que me permite encuadrar mi trabajo de forma más universal. Sin embargo, el conocimiento en accesibilidad está muy disgregado y es difícil formarse como persona experta en accesibilidad universal.

Las dos cosas que más aprecio del postgrado son, por un lado, que está enfocado a la práctica real para que desarrolles tus habilidades resolviendo problemas de accesibilidad más allá de la normativa. Por otro lado, también supone un foro estupendo para hacer redes y compartir experiencias con otros profesionales.

¿Cómo surgió tu interés por este ámbito?

Los procesos comunicativos y todo lo que tiene que ver con el lenguaje siempre me han llamado la atención. Soy una gran lectora, así que no es raro que la puerta de entrada al mundo de la accesibilidad fuera, precisamente, la lectura fácil.

El primer proyecto que enfrenté como adaptadora fue una convocatoria de empleo público, y el resultado fue muy bien acogido y constituyó un hito ya que fue la primera convocatoria adaptada en el Estado Español. Poco después adapté varias novelas para el proyecto Leelo Fácil y aquí me enamoré totalmente de este mundo. Esto fue la puerta de entrada, que luego me ha llevado a conectar con el mundo del diseño de servicios y productos accesibles, un trabajo muy gratificante porque cuando pones tu esfuerzo y consigues crear algo que funciona, la satisfacción de saber que has mejorado un poquito el mundo es muy grande.

¿Y en qué punto se encuentra en España el ámbito de la accesibilidad cognitiva?

Creo que es un ámbito que todavía es necesario reforzar, aunque es cierto que, en los últimos años, ha obtenido mucha visibilidad.

Las últimas legislaciones autonómicas sobre accesibilidad, entre las que sigue destacando como referente la catalana, hacen mención expresa a la información accesible y materiales de fácil comprensión. Por ejemplo, en la Ley de Accesibilidad de Cataluña y en la de Garantías de derechos de personas con discapacidad de Cantabria ya se menciona directamente la lectura fácil como medida estrella en accesibilidad cognitiva.

¿Y cuál sería el pero?

El reto que tenemos delante es, precisamente, salir de la medida estrella. Ahora mismo se tiende a circunscribir lo cognitivo a documentación, cartelería, servicios de información, sistemas de señalización y webs. Y no voy a negar que la información es el elemento clave, pero hay otras cuestiones que son muy relevantes y están siendo menos atendidas, como el efecto de luces y ruidos, la estética del lugar, la distribución de estancias o elementos, la cantidad de pasos o procesos que hay que hacer, etc.

En mi opinión, ahora mismo lo que tenemos que hacer los profesionales y la academia es seguir estudiando la accesibilidad cognitiva de forma transversal, haciendo red multidisciplinar.

¿Crees que la sociedad de hoy en día está suficientemente implicada en ayudar a personas con discapacidad?

Pienso que la sociedad actual ha perdido muchas dinámicas y relaciones de apoyo mutuo y que los procesos de ayuda están bastante institucionalizados. Sigue estando muy extendida la cultura de entender a la persona con discapacidad como una carga social que el Estado debe soportar por cuestiones humanitarias. No quiero ofender a profesionales de la intervención social pero, desde mi punto de vista, veo que se va gestando un gran cambio actitudinal, y que ya no hay una visión tan asistencial y se piensa mucho más en la promoción de la autonomía.

Sé que lo que acabo de decir es duro y tajante, y no quiero ofender a profesionales de la intervención social donde hay gente con mucha valía. Sin embargo, creo que las propias instituciones son barreras por cómo fueron creadas. Muchas veces suponen pequeños guetos donde la persona pasa casi toda su vida o tiene toda su rutina centralizada. Lo que prima y está presente todos los días de su vida no es su condición de discapacidad, sino su situación de dependencia. Si nos ponemos en el lugar de estas personas, a mí me parece una existencia aterradora.

¿Y cuál ha de ser el modelo?

Para mí, una sociedad sana y diversa, necesita entender la ayuda desde lo comunitario. Hay que ir a la casa de la gente, invertir en espacios que faciliten relaciones, en escuelas capaces de afrontar necesidades diferentes, innovar en cómo damos los servicios de apoyo. En todo esto la accesibilidad tiene mucho que decir.

Háblanos de los proyectos relacionados con la accesibilidad cognitiva en los que has trabajado.

Tengo la suerte de haber trabajado en muchos proyectos interesantes. Uno que destacaría es el Maletín del Voluntariado que hicimos para la Unión Democrática de Pensionistas y jubilados (UDP). Consiste en un material didáctico para personas mayores que acompañan a otras personas mayores que tienen poca red social y pueden tener deterioro cognitivo o físico.

Para realizar este proyecto analizamos una serie de manuales que la UDP desarrolló para su programa de voluntariado y elaboramos unas fichas con la información principal sintetizada que sirvieran como consulta y se pudieran llevar fácilmente mientras ejerces el voluntariado. Durante todo ese tiempo estuvimos trabajando sobre el contenido y el soporte, desde el diseño de un texto en lectura fácil hasta vigilar el peso del kit y la forma de la carpeta.

A lo largo de tu trayectoria profesional has trabajado, codo con codo, con personas que tenían distintas discapacidades, ¿qué te han aportado a ti, como persona, y a tu forma de trabajar?

Me ha aportado una vida más rica, con más puntos de vista. La oportunidad de conocer una realidad distinta a la mía y aprender de ella. Profesionalmente, los compañeros y compañeras con discapacidad que tengo alrededor me dan la oportunidad de valorar medidas de accesibilidad y los espacios desde una óptica muchísimo más práctica. Tengo la suerte de que son gente muy generosa y comparten un conocimiento experiencial que solo ellas tienen.

¿Cómo piensas que va a evolucionar, en un futuro, el ámbito de la accesibilidad?

La accesibilidad ha llegado para quedarse. Ahora mismo hay muchos profesionales de distintos campos que buscan especializarse en accesibilidad, y esto es muy positivo. Pero no nos podemos quedar en que existan arquitectos o diseñadores especialistas en accesibilidad. En un futuro, cualquier profesional, del ámbito que fuera, debería integrar la accesibilidad en su quehacer cotidiano. Básicamente porque es un derecho, y no podemos consentir que los productos accesibles sean productos de lujo o específicos.

Es difícil mojarse y decir hacia dónde vamos de forma más concreta, pero lo que sí me parece claro es que hay un marco de derecho bastante asentado que está exigiendo la transformación del espacio construido a tal ritmo que el diseño universal empieza a ser un requerimiento de muchas organizaciones en sus contrataciones. Es mucho más fácil diseñar algo para todo el mundo desde el principio que tener que transformarlo después.

¿Y qué alternativas tiene un o una estudiante que quiera especializarse, desde su ámbito formativo, en temas de accesibilidad?

La arquitectura es pionera en el fomento de la accesibilidad, pero hay otros ámbitos que pueden aportar mucho. Por ejemplo terapia ocupacional, psicología, lingüística, comunicación audiovisual, sociología, pedagogía y periodismo, entre otros. Habría que introducir el discurso de la accesibilidad desde el grado, antes de la especialización, porque son saberes que aportan mucho.

Y, por supuesto, hay que seguir creando espacios de discusión, como foros o jornadas donde compartir, desde focos más generalistas, la accesibilidad universal y focos más concretos hacia accesibilidad cognitiva u otros aspectos.

La accesibilidad ha venido para quedarse. Lejos de ser una cuestión tediosa que nos complica la vida como profesionales, crear accesibilidad resulta divertido y creativo. Además, será un valor diferencial de los productos que los estudiantes desarrollen en el futuro.

Entrevista realizada por Selena Ramos, alumna de 3º de Periodismo en UIC Barcelona

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