Sant Pau en la piel. Llàtzer Moix, La Vanguardia.

Recuperamos para nuestro blog la reseña de Llàtzer Moix para La Vanguardia sobre la nueva sede del Instituto de Investigación del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau. Una obra que es motivo de orgullo para UIC Barcelona School of Architecture por la implicación directa de dos de nuestros profesores, Felipe Pich y Vicenç Sarrablo. El edificio ha sido concebido por el despacho Pich-Architects que ha logrado, a la par, una construcción eficiente y plenamente integrada en el conjunto histórico del antiguo Hospital de Sant Pau. La utilización del sistema Flexbrick, una patente ideada en nuestra escuela por Vicenç Sarrablo, le confiere a la fachada del edificio una personalidad cambiante, en virtud de la luz, al tiempo que facilita la climatización del interior.

A continuación, reproducimos el artículo publicado originalmente en La Vanguardia el 30 de agosto de 2019.

Instituto de investigación del hospital de la Santa Creu i Sant Pau
Autores: PICHarchitects
Pich-Aguilera y 2BMFG Arquitectes
Ubicación: Barcelona. Calle Sant Quintí, 75

La sede del Instituto de investigación del hospital de la Santa Creu i Sant Pau, inaugurada hace ahora un año, es un edificio sin voluntad compositiva, un gran paralelepípedo cuyas líneas se ven apenas alteradas por los saltos en el zócalo, fruto de la pendiente de la calle Sant Quintí, y por algún quiebro en la línea de cornisa. A primera vista, ni su forma ni la celosía de piezas cerámicas que la envuelve anuncian nada disruptivo o memorable. Sin embargo, es el trabajo en dicha celosía, de notable sutileza, el que da carácter a una obra que en su interior se ha planteado como una nave industrial, con grandes espacios diáfanos y predominio de zonas de laboratorio, reconvertibles en función de las cambiantes necesidades del servicio.
La mencionada celosía es un Flexbrik –trama de cables metálicos que sostienen piezas de cerámica–, ideada en su día por Vicenç Sarrablo y usada en los últimos años por distintos arquitectos catalanes. Para esta obra, Pich Aguilera ha diseñado ex profeso las mencionadas piezas. Sus principales peculiaridades son la sección en uve, que genera el pliegue en uno de sus extremos –gesto que permite modular la insolación interior del edificio–, y la gama cromática vidriada con la que están pintadas en su interior: azul, verde, rojo y Siena, inspirados en las tonalidades de las cerámicas de Sant Pau. Estos colores –que Felipe Pich-Aguilera relaciona también con la paleta del impresionista Georges Seurat– generan unas vibraciones lumínicas que dan vida y un aspecto cambiante a la fachada.
La relación entre pasado y presente es una de las claves de esta obra, cuya forma discreta evita competir con las construcciones de Domènech i Montaner y, también, asumir la discreta función de cancela del recinto modernista que le otorga su posición perimetral. La envolvente cerámica parecía pues obligada. Pero el Flexbrick es ciertamente un recurso contemporáneo que permite optimizar la transparencia y la aireación, y que aquí se emplea incluso sobre la planta superior, generando un umbráculo, o en los cielos rasos, y que con sus brillos evoca el viejo Sant Pau en su piel.
Poco puede añadirse sobre el interior del edificio, extremadamente funcional, donde los rulos fonoabsorbentes del techo y otros elementos prefabricados tienen la virtud de suplir cualquier veleidad ornamental lograda por otros medios, y el defecto de distorsionar la armonía cromática de la envolvente.

Llàtzer Moix

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