Grúa para el “Amor Brujo”, de Manuel de Falla

La Fura dels Baus, son hijos de su época. Desarrollan en los años ochenta un lenguaje de estética punk, reflejo de la violencia de los entornos urbanos sobre la sociedad, que permanece con matices hasta el momento. A diferencia de la armonía hippie, La Fura muestra la nueva relación existente entre hombre y máquina, el avance de las nuevas tecnologías y el poder que la electrónica ejerce sobre el mundo. Superponiendo lenguajes distintos, exponen la complejidad de significados ambivalentes que nuestra sociedad contemporánea produce entorno a la relación de hombre y máquina.

Es frecuente, en sus espectáculos, ver como los aparatos mecánicos se unen a los orgánicos. La mezcla de la materia viva con la inanimada. En esta simbiosis, integración de contrarios que supone una revolución corporal, se gesta un nuevo ser: el hombre-máquina; mitad ser, mitad maravilla.

Grúa para el “Amor Brujo”, de Manuel de Falla
Croquis
Para conmemorar el centenario del “Amor Brujo” de Manuel de Falla se ha diseñado una grúa con unas particularidades muy concretas. El director artístico de esta obra, Carlus Padrissa, inspirándose en el cuadro de Dalí Jirafa ardiendo (1937) concibe la grúa como un animal en relación con los elementos de la naturaleza que sirve de articulación para toda la obra. En las acciones de La Fura dels Baus los elementos (fuego, agua, tierra y aire) han jugado un papel vital desde sus inicios, poniendo de manifiesto la conexión que existe desde el origen de la creación entre el cuerpo humano y la energía cósmica de la materia. A este ya de por sí proceso habitual de inspiración y acción, se une que el “Amor Brujo” de Falla está cargado de relaciones con los elementos, que son base de la obra y del contexto de la misma.

El fuego como la pasión del amor y desesperación de Candela por recuperar a su amado, rompiendo cualquier barrera que se interponga para alcanzarlo. También como fuerza mágica, a través de la cual realizar el hechizo que haga volver a Carmelo. El agua es símbolo de Granada. La cultura del agua en esta ciudad se hace evidente en las fuentes naturales y artificiales, los pilares, las acequias, baños, aljibes y albercas de casas y palacios que han llegado hasta nosotros a través de narraciones, poemas, música, pintura y de un importante legado tecnológico que ha contribuido a la calidad de vida de sus habitantes. El aire es el soporte a través del cual dar rienda suelta a la expresividad y energía de los movimientos flamencos. La grúa del “Amor Brujo” ha querido plasmar el movimiento hipnótico y la rítmica que se da en el giro del baile flamenco. Logrando que el actor sujeto con un arnés en la pieza con forma de diapasón sea capaz de moverse en el aire en los tres ejes del espacio (x, y, z) de forma simultánea, creando el efecto de ser un hombre volador. Con este artilugio se ha conseguido de forma singular lo que tantos artistas han investigado de forma exhaustiva: la belleza del cuerpo humano en movimiento.

Para lograr este movimiento es necesario yuxtaponer dos cuerpos, uno en cada extremo del mástil, dejando que la inercia de los pesos haga su trabajo. Aunque es el cuerpo inscrito en la “jaula” circular el que controla con su propio movimiento la posición y dirección del que está situado en el diapasón. La “jaula” tiene también una lectura simbólica, uniendo dos formas geométricas tan perfectas y universales como son el círculo y el cuadrado (Homo Cuadratus de, Leonardo da Vinci). El cuadrado, es lo femenino y a la vez representa la tierra con toda su energía y sus cuatro elementos. El círculo, es lo masculino, representando el cielo, lo universal y espiritual. Este funcionamiento no deja de ser una metáfora de la propia obra donde Candela es capaz de mover la tierra (cuadrado) entera, en un conjuro donde intervienen el fuego y la brujería, con tal de que su amado Carmelo vuelva a ella. El movimiento emerge por la fuerza del amor, esa pasión que lo rompe y desborda todo.

Remarcar también que la grúa se ha diseñado con proporciones áureas, convirtiéndose en una creación viva capaz de metamorfosearse y estar en sintonía con elementos básicos de la obra. El número áureo es el número de la creación ya que se encuentra en multitud de estructuras naturales y ha sido objeto de estudio por distintas personalidades a lo largo de la historia como Euclides, Durero, Kepler, Martin Ohm o Le Corbusier. Así, esta grúa que se gestaba con una primera idea de jirafa daliniana tiene la misma estructura formal que pueden tener los pétalos de una flor, las nervaduras de los árboles o la relación entre las espirales que forman la cáscara de un caracol. Podríamos decir también que la grúa del “Amor Brujo” ha sido concebida como un templo griego, estableciendo una serie de relaciones matemáticas entre el todo y las partes. Siendo la base un cuadrado perfecto, donde uno de los lados tiene la misma distancia que la distancia del suelo hasta el eje de rotación principal, el segmento áureo desde el mismo eje hasta el travesaño de forma trapezoidal, así como la separación entre las barras metálicas que siempre responde a un división de la distancia de un lado del cuadrado.

Los artilugios de La Fura son bellos por su carácter monumental, no por su grandiosidad sino como decía el arquitecto Louis Kahn por esa capacidad que tienen algunos objetos de ser lo que son. Nada se les puede añadir, nada se les puede quitar.


Ignacio Infiesta, UIC Barcelona School of Architecture.
En colaboración con Jordi Velasco, Thinking Enginyeria.

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